Stefan Zweig, el gran escritor austriaco,
describía a los libros como “pequeñísimos trozos de lo infinito (...) vuestra
palabra nos eleva, como un vehículo fogoso, desde la nada a la eternidad”.
Y agrega el autor: “¡Compañeros fieles, silenciosos: cómo agradeceros
vuestra perpetua compañía, el eterno aliento e infinito estímulo de vuestra
presencia! (...) En todas partes, siempre despiertos, habéis procurado sueños
al hombre y un poco de consuelo y serenidad en la inquietud y el martirio.
“Siempre, clementes imanes de Dios, habéis conseguido elevar el alma,
cuando se hallaba sepultada en la banalidad, hasta su propio elemento; siempre
en nuestra noche, nos habéis abierto, en lejanía, el cielo interno”.
Es evidente el amor y el fervor que Stefan Zweig poseía por los libros,
casi el mismo que los jóvenes poseen por su iPod o reproductor de MP3, quienes
se distinguen en ser diestros en el uso de gadgets, en ellos es natural la
exploración del ciberespacio, pero a cambio, presentan un pronunciado déficit
de expresión oral. Les es suficiente con estar enchufados directamente a sus
reproductores y audífonos para sentirse distintos y únicos. ¡Qué sería de los
jóvenes sin su iPod! Es la constante búsqueda de la singularidad a la que los
orilla la sociedad.
El libro, por su parte, ha sobrevivido al cine, a la televisión, al
video y a los medios de comunicación y entretenimiento electrónicos. Desde hace
más de quince años se ha difundido en diversos medios varios informes que
denotan la preocupación sobre el futuro del libro. Si ha sobrevivido a los
medios audiovisuales ¿por qué no habrá de hacerlo al a lo digital?
Pongamos algunos mitos acerca del libro bajo la lupa:
Mito # 1. Los jóvenes no leen.
Falso: La población más joven es el segmento demográfico que lee más
libros por año, según las encuestas del CONACULTA y la SEP.
Mito # 2. Existe una
desproporción entre los espacios de exhibición y la producción editorial.
Verdadero: Existe un elevado número de novedades publicadas y una escasa
cantidad de librerías por lo cual su comercialización resulta compleja, aunado
a esto el precio de venta y el asunto del libro de texto.
Falso: En México se venden aproximadamente 150 millones de libros, pero
en esta cifra se consideran los libros de texto, por lo que si se restara a la
venta de este sector, tendríamos una mejor idea de lo que en realidad se
comercializa y el dato de marras descendería dramáticamente.
La industria editorial de nuestro país parece estar en una permanente
crisis, ante el alto costo de la materia prima y la inminente extinción del
público lector. Es evidente que las razones económicas y políticas que todos
padecemos colocan al libro en una delgadísima cuerda floja, al no representar
un rubro prioritario para el Estado ni en el seno de las familias. El libro merece una industria editorial mucho más valiente e
imaginativa, que se aventure y aleje de los caminos seguros.
Lo que se debe hacer, dicen algunos escritores y editores, es dejar de
pensar que el libro se constituyó de una vez y para siempre como un conjunto de
páginas protegido por una tapas o forros, porque no siempre ha sido así el
libro y por lo tanto podría cambiar de forma también ahora.
Si se acepta lo anterior, se puede concebir al libro como un producto
electrónico, que sería de fácil reproducción, como lo son ahora el CD o el DVD,
que una vez obtenida la matriz se puede ir copiando, según la demanda, sin que
ello afecte mayormente el costo, el cual sería muy bajo.
Aunque esto también tendría algunas complicaciones ya que desataría una
ola de piratería como suele ocurrir con los métodos de copiado fácil, y se
tendría que invertir en un dispositivo lector como un PSP, un iPod o una tablet
para poder disfrutar del libro novedoso o tradicional.
El libro objeto continúa siendo el principal soporte de la cultura: no
requiere de mayores complicaciones para su consulta o transportación, no exige
enchufes ni aparatos ni corrientes alternas o directas para funcionar. Aunque
ya existen algunos libros en versión digital, en formato PDF, que se
distribuyen por Internet, el futuro del libro está aún por definirse en los
próximos años.






















