jueves, 23 de abril de 2015

La lectura como un alcance de vida

 *Texto publicado en la columna "Bitácora del kamikase" del Suplemento Cultural Expresso del diario El Correo de Guanajuato, Gto., el 3 de Noviembre de 2007.

El subdesarrollo intelectual nacional parece ser permanente debido al escaso gusto de los ciudadanos por la lectura. Hace falta avidez por devorar letras y páginas.

La lectura lo primero que nos enseña es a estar solos. Y quizá éste sea uno de los principales obstáculos a sortear. Las personas somos gregarios por naturaleza. Nos gusta la chorcha, la tertulia. Somos comunicativos y siempre deseamos platicar con alguien. Si tan sólo entendiéramos que un libro puede llegar a ser una excelente compañía.

En tanto prosigue la abyección de un público cautivo, desembocamos hacia la conclusión de que es preciso crear un puente entre el libro y los lectores, estimular el consumo de materiales dignos de ser leídos, eludiendo la atracción que ejercen los medios audiovisuales que propagan el gusto por la nada.

Estamos forzados a admitir que leemos medio libro al año (dato que desciende por su propio peso). Otro dato revelador es que dedicamos 4 horas al día promedio a ver la televisión y sólo media hora la aprovechamos en la lectura, por lo que es necesario apoyar, promover, consumir e inculcar la buena lectura, estableciendo los caminos más adecuados para conseguir dicho propósito.

Pero ¿qué nos proporciona la actividad de leer? Simple y sencillamente descubre la integridad de nuestra percepción, las inagotables posibilidades de sentir del ser humano. A través de la lectura formulamos las más trascendentes preguntas sobre el sentido de nuestras fronteras de realidad.

El acercamiento a la lectura sólo por causa del deber escolar desemboca en las generaciones fechadas de profesionistas, y la relación dominante con la lectura en México es el analfabetismo funcional. Esto es, de los individuos que sabiendo leer, y que por alguna razón, generalmente la falta de interés, no lo hacen. Estamos en los niveles más bajos de comprensión lectora. Los factores que contribuyen a este rezago son hechos incuestionables que carecer del hábito de la lectura no es privativo de quienes no han tenido acceso a la educación, y que los bajos niveles de lectura se reflejan en todos los aspectos de la vida nacional y abarcan todos los niveles socioeconómicos, incluyendo al magisterio. No se puede esperar una ligera promoción de la lectura de quienes no son lectores.
Ha habido muchas propuestas interesantes y se han puesto en marcha programas de gobierno encaminadas a abatir el analfabetismo funcional y a difundir la lectura, sobretodo entre niños y jóvenes; sin embargo, muchas de estas acciones no han sido eficaces, o han resultado insuficientes, o han muerto con la inercia transexenal.

La lectura es una de las claves para la vida democrática y es indispensable para salir de nuestro estado de debilidad cultural y económico. Es preciso entender que el acceso a la lectura debe ser un derecho irrenunciable, y que ello implica no sólo contar con una población alfabetizada, sino que cada mexicano sea capaz de entender cabalmente lo que lee y a partir de ello reflexionar y reflejar un pensamiento crítico. La cadena comercial editorial necesita un gran articulador; el Estado es quien puede lograr incrementar el número de lectores, no como protector sino como impulsor.


En nuestro país el tema de la lectura no es prioridad para los actores políticos. Sin embargo, no podemos aceptar esa postura, pues un país que no lee puede quedar sólo como espectador del progreso.

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