Pero ¿qué es la vida? ¿qué es el tiempo? Es
necesario desarrollar alguna noción de lo que es la vida, el tiempo y la
muerte. En este proceso encontramos que ésta no es tarea fácil y que ninguna
definición es del todo satisfactoria, sin embargo, podemos intentarlo.
Para la mayoría es más fácil reconocer la
vida que definirla. Tenemos conciencia de que estamos vivos y algún día
moriremos. Es importante reconocer que la vida no es una cosa o una sustancia. La
vida es una propiedad que poseen los individuos y se caracteriza por la
capacidad de efectuar diversos procesos sumamente organizados que interactúan
entre sí y ocurren dentro de un marco estructural definido.
Así, la vida, tal y como se ha definido, presupone
una serie de procesos que forman un sistema potencialmente capaz de un cambio
perpetuo.
Definir y describir la vida en estos
términos mecanicistas evita el misterio y descarta el concepto de la existencia
de una fuerza vitalista. La razón para evitar este tipo de ideas es que éstas
impiden un examen científico de la vida.
La investigación moderna nos ha hecho
considerar que la vida es resultado de una complicada evolución que duró
centenares de millones de años. Tal evolución solo pudo darse bajo condiciones
ambientales muy distintas a las que hoy existen sobre la Tierra (otra
atmósfera, temperatura mucho más alta, etc.).
La relación de la energía con el proceso de
la vida es el fundamento de la teoría mecanicista, ya que implica a la
termodinámica en sus procesos y en su origen al flujo de energía solar.
Como los sistemas vivos están sumamente
organizados, para conservar este orden el sistema debe ser alimentado con
energía. Cuando una célula viva ya no puede obtener, liberar y usar energía,
está muerta. Sin embargo, ninguna máquina o sistema vivo puede producir energía
a partir de nada; solo puede transformarla de una forma a otra.
La primera ley de la termodinámica, con
frecuencia llamada Ley de la conservación de la energía, establece que cuando
la energía se transforma, no se gana ni se pierde ninguna energía. En otras
palabras, la energía total del universo permanece constante: no se destruye,
solo se transforma.
La segunda ley determina que durante la
transformación de energía la cantidad de ésta se reduce y no puede disponerse
de una parte de esa energía para realizar un trabajo. Dicho de otra forma, la
entropía aumenta. La entropía es un estado desorganizado de la energía,
ineficiente para efectuar un trabajo. La conversión de una forma de energía en
otra, nunca es 100% eficiente y parte de la energía se libera en una forma
inutilizable.
Un organismo vivo es un sistema
termodinámico abierto, esto es, hay un constante flujo de energía y materia
entre él y el ambiente, un flujo en equilibrio dinámico, lo que suele
denominarse estado estacionario. El estado estacionario no se refiere a un
estado estático o inmutable, sino a valores que fluctúan ligeramente en torno
de un promedio. La conservación del promedio comprende la regulación de entrada
y salida, de modo que haya poco o ningún cambio neto. Podemos considerarnos
como en una rueda de molino que se mueve continuamente. Para sobrevivir,
debemos conservar una posición de equilibrio sobre la rueda de molino, de modo
que parezca inmóvil. Tal apariencia de estabilidad (que es la conservación del
estado estacionario) solo es posible mediante la adquisición continua de
materia y energía. Esto se logra porque la actividad de la rueda está
equilibrada por la del organismo: un movimiento hacia a atrás está equilibrado
por uno hacia adelante.
Sin embargo, al alejarse del equilibrio
surgen las crisis, las cuales han sido estudiadas por la física. Ésta nos hace
conocer ese cambio y peligro para explicarnos que los sistemas biológicos están
alejadísimos de los equilibrios. El estado estacionario se refiere a sistemas
intermedios que son obligados a funcionar continuamente. En las crisis no
sucede “cualquier cosa”, sino que son las formadoras de nuevas estructuras, que
funcionan de una forma distinta.
Toda la complejidad biológica es producto
del Sol. La luz solar es la fuente de la vida. La Tierra recibe continuamente
su energía, y lo seguirá haciendo por un período casi infinito. Unas pocas
horas de luz solar cada día constituye toda la distancia que media entre la
vida y la muerte. Representó la principal fuente de energía en la Tierra
primitiva para que se desarrollaran los procesos que dieron origen a la vida y
su desarrollo determina un mecanismo preciso para la herencia y el cambio.
Nuestros propios orígenes están en la línea
exitosa de la evolución. Puesto que el tiempo es el héroe de esta historia,
hubo, sin duda alguna, bastantes oportunidades de que ocurrieran varias
interacciones.
Los sistemas vivos se caracterizan por un
elevado grado de organización. Haciendo una pirámide para mostrar los niveles
jerárquicos en que está organizada la vida, la base estaría constituida por las
reacciones químicas, seguidas de las enzimas y las células las cuales conjugan
los demás niveles hasta llegar al mental. Es más fácil comprender el concepto
de niveles jerárquicos, comparando los organismos con los edificios: las
habitaciones son análogas a los niveles de un organismo. Tanto las habitaciones
como los niveles tienen límites, con salidas y entradas. Cada una tiene su uso,
su función o especialidad particular. Existen leyes que rigen el
funcionamiento de los organismos que
tienen como base sus límites, las cuales forman “conjuntos de restricciones
coherentes”.
La vida tiene una base estructural y
funcional común. Sin embargo, hay otro aspecto en la vida: la diversidad. Cada
organismo vivo es distinto y separado de cualquier otro y aquí también se
presentan los niveles jerárquicos.
No se necesitan muchos estudios científicos
para reconocer que los seres humanos representamos únicamente una fracción del
enorme conjunto de animales vivos sobre la Tierra. Ciertos aspectos nos colocan
aparte de otros seres. El aumento de inteligencia ha sido de valor adaptativo
para nuestra supervivencia dentro de un mundo cambiante y esta capacidad nos ha
llevado a entender que la evolución acelera las estructuras, los procesos y las
crisis, que el tiempo fluye y que todo esto desemboca en la muerte.



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